07 Feb

El rescatador

— Pií… Pií… — sonaban monótonos y rutinarios los pitidos del aparato, en estricta consonancia con los quebrados verticales que, al unísono con aquéllos, se dibujaban sobre la línea continua horizontal del monitor.

Hombre pájaro

El aparato estaba conectado mediante electrodos a un anciano que yacía en una cama de hospital: un hombrecillo enjuto y desgarbado, al que por abreviar llamaremos Pi, en cuyas pupilas asomaba a ratos — pese a la enfermedad que lo consumía — un brillo pícaro, como de un niño que está cometiendo una travesura.

Junto a la cama, una anciana — a quien Pi llamaba, en este caso sin asomo de picardía ni desprecio, antes bien con orgullo y extremo cariño, “mi viejita ” — cubría con las suyas, y con cuidado para no despegar el electrodo, una de las manos de Pi.

Anciana sonriente

En aquellos instantes, su viejita peroraba sobre un tal Bernardo Parrales. Este Parrales era un afamado columnista de renombre nacional.

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07 Feb

Cordial, cordialísimo, cordero, corderito

Cordial, cordialísimo, cordero, corderito. Corderito de Dios. Mojado en pan sabe muy bueno y te llena de amor.

Cordero

Ay, viejo cristiano castellano. Cordial, cordero, corazón: Corazón de mi vida, Cristo bendito que tanto te quiero.

Cruz, crucecita, crucifixión. Cada uno a cuestas con su cruz y para ti la más grande, y yo con la pequeña. Querámonos los unos a los otros, porque si no no llegamos a ninguna parte, y así tampoco llegamos pero al menos llegamos bien.

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02 Ene

La niña de la estrella

La niña de la estrella | Novelita de amor y fantasía

La niña de la estrella

Clara, una niña que habita en una estrella, alumbra con ella a un pequeño mundo, Teotolcan, que orbita a su alrededor.

Aunque sabe que no debería sentir ninguna predilección por criatura alguna de Teotolcan, no puede evitar sentirse encandilada por un niño Pipo, que a su vez admira extraordinariamente la estrella…

Con el paso del tiempo, ambos se harán mayores y entrecruzarán sus destinos, viviendo un sinfín de aventuras, maravillosas a la par que terribles.

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23 Dic

El joven doctor y el poblado remoto adonde llega

El joven doctor, llegado a su destino –un poblado remoto ubicado quién sabe dónde–, observó que sus habitantes se lavaban y, luego, ¡se bebían el agua con la que se habían lavado!

— Pero, ¡Esto no puede hacerse! ¿Cómo no van a contraer las enfermedades que padecen, si se beben el agua con que se lavan?
— Si nos la bebiéramos antes, no tendríamos agua con que lavarnos —le contestó el Jefe de la tribu—. Todos los días, los miembros de la tribu destinados a la traída de agua tienen que caminar 30 kilometros para ir, y otros 30 para volver. Dada la hambruna que padecemos desde hace largos años, nuestras fuerzas son escasas, y los que se ocupan de esta labor no pueden resistir tan larga caminata cargados con mucho peso…

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14 Dic

Mi simpática langosta

pepito-grillo

Ay mi entrañable langosta…

No se trataba del crustáceo, sino del insecto.

Hará una decena de años, me encontraba solo en mi estudio trabajando a contrarreloj en sesión maratoniana. Era verano y tenía la ventana abierta. Lucía el sol.

De pronto, un bicho negro entró volando por la ventana. Al ser bastante voluminoso, y yo más bien aprensivo, me sobresalté. El bicho revoloteaba a intervalos por la estancia, y a intervalos desaparecía.

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25 Abr

El militar revolucionario

Revolucionarios latinoamericanos a caballo

El militar revolucionario

A finales del siglo XIX, en un pequeño país de Occidente la corrupción campaba por doquier: las desigualdades y las injusticias eran clamorosas, los gobernantes políticos abusaban escandalosamente – sin el menor disimulo– de su poder, la pobreza y la miseria se extendían día a día sobre la mayor parte de la población.

Un ideólogo político, Alberto Parra, diseñó un ideario y un programa políticos alternativos a los existentes, y comenzó a conspirar junto a otros para oponerse al poder vigente. Madurado el objetivo de una revolución, comenzaron a distribuir consignas de rebeldía entre la sufrida población, que prendieron como regueros de pólvora.

 

General revolucionario

 

En determinado momento, el insigne militar Emiliano Piedradura, hasta ese momento General de las fuerzas armadas gubernamentales, solicitó y obtuvo entrevista con Alberto Parra.

Tras varias horas de reunión a solas, Emiliano anunció que se unía a los revolucionarios: los argumentos de Alberto, unidos a sus propias cavilaciones, le habían convencido. Buena parte de las tropas a cargo de Emiliano siguieron a su General.

Estalló la Revolución, seguida de una cruenta guerra civil.

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